Antes de todo, estuvo la telaraña. La encontré frágil y polvosa entre las ramas, con esa perfección geométrica que sólo la naturaleza prodiga. Al cabo, una mirada más enfocada me reveló las largas avenidas sobre su superficie, y poco después fueron manifestándose cada una de las callejuelas perpendiculares que seccionaban las líneas, interminablemente, hacia el centro. Una ciudad extraña esta que se manifiesta sobre la seda, pienso yo, pero no tan distinta como para perder el hilo y seguir confundiéndome entre lo que está arriba y lo que se encuentra sólo entre ramas; aunque esto cada dia se vuelve más difícil...
Ahora la obsesión me ha rebasado, y todas las mañanas, antes de poner un pie fuera de casa, no puedo controlar el instinto de mirar hacia arriba; observo el cielo templado de nubes como si ellas pudieran darme la imagen que busco, aquella donde la perspectiva se eleva, primero la banqueta, después el edificio, la calle, la manzana, una larga avenida, seccionada, después cientos y cientos de callejuelas perpendiculares cortándola, así hacia el centro, un zoom de satélite. Miro hacia arriba buscando todo eso, antes de la sombra, de la fatal creadora, cuando sobre nosotros deje caer la primera, peluda, de muchas patas...
sábado, 26 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario