martes, 25 de mayo de 2010

Lastima por el Soundtrack de nuestras vidas.

LÁSTIMA POR EL SOUNDTRACK DE NUESTRAS VIDAS…

Lástima por el Soundtrack de nuestras vidas.

Lloremos un instante, dediquemos algunas palabras

a eso que pudo, y nunca fue terciopelo; por la amargura legada, en pos

de uno o dos minutos… de sonrisas tensas.

Va por mí, y por ti, y por esa mujer,

De brazos húmedos, de secos pómulos,

Que bebía cerveza mientras la caja tocaba

A Bob Dylan,

Girl from the north country, o lo que

entre sus ojos

Se escuchara.

No son coincidencias; se llaman Generaciones.

Porque nunca soportamos la cacofonía de un alba

Mal enfatizada…

Dilucidamos a la perfección, lo que es un Fa, un La,

Un Sol,

en poniente y sin ornamentos orquestales; todo

Todo en seco, veneno puro que golpea los tímpanos

Y que entre aturdimientos

Desgrana pinceladas de verdad. O tautologías.

Así somos.

Más íntimos al olor plastificado de los vinilos, amigos encarnados de

La mezclilla.

Así, así mismo: eternos esbirros de la melodía.

Decimos: qué terror cuándo la noche se tiñe de neón;

Espantosa la fricción de esas máquinas

Torturando la originalidad de una nota…

Y así, demasiada, demasiada

posmodernidad,

sacándonos ámpulas.

Una deuda firmada con sangre y legalizada con el

Cristal empañado de los años.

Ellos, algunos, murieron ignominiosos, en la horca de

Nuestro regodeo.

Y nunca tuvieron última cena, ni un acomedido traicionero,

Nunca resucitaron para siquiera lamer el pan que en nuestros hornos

Se coció, y se pudrió.

* * * * *

Las escrituras lo dicen:

Wagner, acusado de herejía, y póstumamente, servidor de la

Gestapo.

Bird Parker, modulando nuevas fruslerías, allá, en ese infame fondo

Azul y amarillo.

Karen Dalton, con guitarra espasmódica y disonante, siempre ofreciendo

La otra mejilla.

Aretha Franklin, con un vaso de gin, y la garganta ahogada

En complejas peticiones.

Y El bueno de Buddy, el católico Holly, aún despegando,

Volando

Con las uñas, mientras sus oídos explotan en mil melodías

Góspel…

Robert Fripp… aún no; el todavía pacta supervivencia con el genio de

Seis Cuerdas.

Syd Barret, que pinta porcelana, infiernos como de un Greco, y su madre

Sirve el té; pasan de las seis.

Ian Curtis, gozoso, muestra la imposible dentellada

En su cuello níveo, casi transparente.

Joe Strummer, nos grita revoluciones, escarceos linguisticos,

Pero su aliento… sólo encontramos vestigios de alcohol

Patatas rancias.

Colofón honorífico: Lennon, a la ventana; agua hirviendo en la cocina del Dakota

Y un puño de tierra orgánica en su lengua…

* * * * *

En pretérito…

Falta un grupo, el de infelices sobrevivientes; más ellos…

Ya viven con el esqueleto tatuado, en las córneas, en cada falange,

Donde una cuerda sea presionada hasta la colisión.

* * * * *

¡Qué distinto hubiese sido, si nunca nos hubiesen

Arañado!

Imaginar soles puntiagudos de un amanecer impecable.

Sin presión en la vejiga, sin volúmenes descorteses en

La almohada.

Sin vómitos escondidos entre cada recoveco de

Humanidad.

Se le llama, creo, Buen Gusto…

Una envidia que recorre la piel, como sangre helada

Bombeada artificialmente;

Esa realidad, donde las revoluciones, el sudor a cuarenta

Grados, y el trabajo a mano seca nunca fueron

Escuchados.

¡Quién necesita de parafernalia política!

Ahora existen microcircuitos, cajas futuristas, comida

En hologramas…

Nada de cuerdas, ni soplos desahuciados a través de metales

Cubiertos con telas progresistas.

Una lágrima, un resoplo, para eso que nunca fue terciopelo…

El Romanticismo se ubica en el siglo XIX, ahora es posible

Trasnochar sin molestar a nadie…

Dijo ella.

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